
Espada Ropera

Sable Militar

Espada Larga

Espada y Broquel

Espada Ropera y Daga

Palo Largo
Sala de Armas Pérez de Mendoza
Don Miguel Pérez de Mendoza y Quijada, natural de Logroño, fue una figura capital en la Verdadera Destreza Española durante el siglo XVII. Su prestigio le valió ser maestro de armas del Serenísimo Príncipe Don Baltasar Carlos y del Serenísimo Señor Don Juan de Austria, un puesto que subraya la alta estima de la Casa Real por su habilidad y conocimiento. Pérez de Mendoza no solo fue un instructor práctico, sino un teórico dedicado a sostener y difundir el sistema de esgrima científica iniciado por Carranza y Pacheco. Su trabajo se centró en aplicar principios matemáticos, geométricos y filosóficos al arte de la espada, elevando el combate de una mera habilidad física a una disciplina intelectual digna de los caballeros de la corte. La obra más significativa de Pérez de Mendoza es su Resumen de la verdadera Destreza de las Armas, en treinta y ocho asserciones... (1675), dedicada a Carlos II. Este tratado es un compendio valioso que buscaba clarificar y simplificar los principios fundamentales de la Destreza para un público más amplio, sirviendo como manual práctico y teórico del sistema. Es notable que, a diferencia de algunos de sus contemporáneos, Pérez de Mendoza mostró un profundo respeto por armas más grandes, llegando a afirmar que el montante (el gran espadón) era la reina de todas las armas, lo que denota una visión táctica amplia y no limitada a la espada y el broquel o la daga.
A pesar de no ser militar, nos deja un amplio legado de conocimientos, a cual más interesante, que pueden ser consultados en la Biblioteca Nacional de España

Horario de Clase
Actualmente dedicamos cada sábado del mes en dar una clase de una de las siguientes armas: Espada Ropera, Sable militar, armas dobles (Daga), armas dobles (Broquel), Espada Larga y palo largo. Al final del día se deja un tiempo de asaltos libres que normalmente es de entre treinta a sesenta minutos.

La vida amable; el enemigo hombre fuerte; ordinario el peligro; natural la defensa; la ciencia para conseguirla infalible; su estudio forzoso y el ejercicio necesario: conviene al que hubiere de ser diestro no ignore la teórica, para que en la práctica, el cuerpo brazo, y los instrumentos obren lo conveniente a su perfección.
No se haga ninguna cosa resistiendo pudiendo hacerse ayudando, pues el mayor al menor, y el menor al mayor, el más flaco al más fuerte, y el fuerte al flaco, le será más fácil ayudar que resistir, entienda y guarde esta doctrina el que quisiere imperar sobre los movimientos de su contrario...
